La Puerta / The Door

 

 

Mami y yo tuvimos una experiencia que nos hizo muy humilde ayer por la tarde. Mientras pasábamos tiempo de calidad en el patio de al frente, nos fijamos en un niño pre-adolescente quien iba puerta a puerta en nuestra calle. Las dos estuvimos de acuerdo que no queríamos “ocuparnos con eso hoy,” teniendo que decir que no a lo que fuera que vendía él. Además, no teníamos dinero en efectivo para comprar nada.

Entremos a la casa rápido, y esperamos a que sonara el timbre de la puerta, inevitablemente. El timbre sonó, tocaron la puerta, y lo ignoramos todo. Finalmente, me dí cuenta de que no iba a darse por vencido, así que le dije a Mami, “Supongo que debes abrirle la puerta.” Así que la abrió, pero bien reacia, como ahora siempre hay temor en abrirle la puerta a desconocidos– aún a niños.

 

 

door

Imagen cortesía de clker.com 
Image courtesy of clker.com
 
 
 
 

Ella abrió la puerta mientras el niño estaba dejando una bolsa de popcorn (palomitas de maíz) de caramelo de los Boy Scouts al frente de la puerta. Él dijo que era una muestra gratis. Mami lo cuestionó, ” ¿Cómo puedes regalar eso sin cobrar?” Él explicó que ellos querían que la gente lo probara a ver si les gustaba. A este punto, mi curiosdad estaba tan picada que emergí del sofá, abandonando el televisor.

Ella se fijo que él tenía puesta una camiseta de los Boy Scouts de Puerto Rico. Mami le preguntó si él era de Puerto Rico, y él inmediatamente cambió de idioma. Él le preguntó, en español, de qué parte de Puerto Rico era nuestra familia. Ellos hablaron un rato, y cuando dijo que sólo se mudó de Puerto Rico hace dos meses, Mami le preguntó cómo se estaba adaptando a Orlando. Él admitió, “es difícil.” Él tenía la expresión más dulce, más triste en su carita.

Me le presenté y mencioné que yo era bien chiquita cuando me mudé de Puerto Rico, pero que como única hija se me había hecho difícil criarme aquí.  Le preguntamos si tenía hermanos. Dijo que él era único hijo también.

El estudiante de escuela intermedia dijo que está tratando de aprender a tocar todos los instrumentos de la banda de su escuela. Me quedé boqui-abierta mientras nombraba todos los instrumentos que estaba practicando.

Finalmente, Mami decidió indagar más. Le preguntó si su familia iba a alguna iglesia, y si iban, de qué religión eran. Él dijo, “somos católicos.” Le dijimos que nosotras también, y le empezamos a contar sobre nuestra parroquia, que es católica maronita, y que es en nuestro vecindario (este niño sólo vive a una calle de nosotros).

El se iluminó cuando le hablamos de la iglesia, diciendo que su familia llevaba tiempo, desde que llegaron a Orlando, buscando una iglesia. Buscaban en otras comunidades, también. Nos miró y dijo, “De veras quisiera que encontremos una iglesia. Se siente como un vacío.”

Mientras Mami apuntaba nuestra información de contacto en un boletín de la iglesia para darle a los padres de él, yo le hablé de nuestros feligreses, que son de tantos países diferentes. A él le gustó eso, y dijo que deseaba aprender de otras culturas. Le expliqué que muchos son de países como Siria y Líbano, y que muchos serán perseguidos en sus países por ser cristianos. Él dijo, “oh, me interesan historias de persecución religiosa. Es triste que a tantas personas las persiguen por querer ir a la iglesia.”

Probablemente, este fue el momento en que se me cayó la quijada. Aquí había un Boy Scout con cara de bebé que estaba completamente informado sobre las injusticias de la humanidad, sin embargo era suficientemente joven (y con la mente abierta) para poseer una cualidad infantil que permite la aceptación universal de diferencias, pero tenía la capacidad para comprender lo raro que es.

Y nosotras inicialmente nos rehusamos a abrirle la puerta.

Finalmente, le dimos las gracias, y él también a nosotras, y este niño penosamente tímido quien había estado posponiendo ir de casa en casa, se fue de nuestra puerta con una sonrisa en su cara, de regreso a su casa, a donde no había regresado desde temprano en la tarde. Mientras se despidió, nos dijo, “Que Dios las bendiga…muchas bendiciones.”

Casi no habíamos terminado de cerrar la puerta cuando Mami y yo nos echamos a llorar.

En un día aparentemente ordinario, el primer día de diciembre, un niño pre-adolescente nos tocó la puerta– y se encontró con dos cristianas desalentadas y cautelosas. Jamás nos hubiéramos imaginado que este nene chiquito nos enseñaría una lección extraordinaria y universal.

 

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”                    

Apocalipsis 3:20                                   

 

 

 

Mami and I had a very sobering, humbling experience yesterday afternoon. While spending some quality time in the front yard, we noticed a young, preteen boy going door-to-door on our street. We both agreed we “didn’t want to deal with that today,” having to say no to whatever he was selling. Besides, we didn’t really have any cash on us to buy anything.

We quickly went back into the house and waited for the doorbell to ring, inevitably. The doorbell rang, there were knocks on the door, and we ignored it all. Finally, I realized he wouldn’t let up, and I said to Mami, resigned, “I guess you’d better open the door.” So, she did so hesitantly, as there is always the fear now of opening the door for strangers– even kids.

She opened the door as the boy was leaving a bag of caramel popcorn from the Boy Scouts at our doorstep. He said it was a free sample. Mami questioned him, “How can you give that for free?” He explained that they wanted for people to try it out to see if they liked it.

She noticed he was wearing a Boy Scouts T-shirt from Puerto Rico. Mami asked him if he was from P.R., and he immediately switched languages. He began to ask her, in Spanish, what part of P.R. our family is from. They chatted for a bit, and after he said his family had only been living here for two months, she asked how he was adapting to Orlando. He admitted, “it’s difficult.” He had the sweetest, saddest expression on his face. By this point, my curiosity was piqued enough to emerge from the sofa and abandon the T.V.

I introduced myself and mentioned that I was really little when we moved from P.R., but that growing up an only child here had been hard for me. We asked if he had any siblings. He said he was an only child, too.

The middle-schooler said he was trying to learn to play all of the instruments in his school band. I gaped as he rattled off the names of all of the instruments he’s learning.

Finally, Mami decided to go out on a limb. She asked if his family attended a Church, and if so, what religion. He said, “We’re Catholic.” We told him we were, too, and started telling him about our parish, which is Maronite Catholic and is in our neighborhood (this kid only lives a street away). He lit up when we talked to him about Church, saying that his family has been searching for a Church to attend ever since their arrival. They have looked in other neighboring communities, too. He looked at us and said, ” I really want to find a Church. It feels like a void.”

As Mami went off to write down our contact info to give to his parents on a Church bulletin, I talked to him about our fellow parishioners, who are from so many different countries. He liked that, and said he wanted to learn about different cultures. I told him many of them are from countries like Syria and Lebanon, and how many of them might be persecuted in their countries for being Christian. He said, “Oh, I’m fascinated by stories of religious persecution. It’s sad how many people are persecuted for wanting to go to Church.”

This is probably the moment when my mouth dropped. Here was a baby-faced Boy Scout who was completely aware of the injustices of humanity; someone who was young enough (and open-minded enough) to still possess a childlike, universal acceptance of differences, and yet was wise enough to understand how rare it is.

And we had initially refused to open the door for him.

Finally, we thanked him, and he thanked us, and this painfully shy boy who was putting off his soliciting left our doorstep with a smile on his face, back to his house, where he hadn’t been since early in the afternoon. As he waved goodbye, he told us, “God Bless you…many Blessings.”

No sooner had the door been shut than Mami and I burst into tears.

On a seemingly ordinary, somewhat gloomy, first day of December, a prepubescent boy who just moved here knocked on our door…and met with a couple of jaded, wary “Christians.” Never could we have imagined that this little boy would teach us such a remarkable, universal lesson.

 

 

“Here I am! I stand at the door and knock. If anyone hears my voice and opens the door, I will come in and eat with that person, and they with me.”

Revelation: 3:20 

 

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One Response to La Puerta / The Door

  1. Jai says:

    What a great story. It just shows you never truly know what God’s plan is. You were meant to meet this little boy and help his family.

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